ENCUENTRO
Después de tanto tiempo rodando por varias
ciudades, recalé de nuevo en el lugar donde de joven lo pasé tan
maravillosamente –Zaragoza–, donde conocí la diversión. Otra forma de vivir y
disfrutar la vida. También conocí el amor más intenso y como contraposición el
gran dolor del adiós. Descubrí el ser hombre, abandonar la adolescencia, y
conocer los secretos de la juventud.
Todos estos recuerdos se agolpaban uno
detrás de otro; y sin darme cuenta había recorrido esos mismos lugares por
donde antes paseábamos juntos. Protegido, por mi abrigo y bufanda, del frío que
me rodeaba… acabé con la mirada en el suelo, y levantando con los pies las
macilentas hojas de los árboles que conformaban un suave y crujiente manto por
el que nos deslizábamos los paseantes del parque. Así iban pasando los minutos
hasta, que un griterío bullicioso de niños me sacó de mis ensoñaciones. Quizás
fue en ese preciso momento, cuando algo hizo dar un terrible vuelco en mí
corazón y, la curiosidad me atrajo hacia el lugar desde donde partían las
vocecillas. Llegué de puntillas hasta detrás de unos setos, y apoyándome en una
vieja sabina… Quizás, conocedora de tantas historias de amor y de juegos
infantiles, de verlos crecer y traer sus propios hijos a cobijarles en su
sombra. Empecé a observar a los niños en sus juegos y risas, me reía con ellos
para mis adentros – mas, algo me turbaba – y fue en ese preciso instante ¡Cuándo...!.
Se me embargó y llenó de ahogo la garganta y el corazón al descubrir a... ¡Aquél
niño! Si, ¿era yo? Mi retrato, mas ¿cómo era posible? Si entre él y yo había
veinticinco años de diferencia, ¿podría ser qué...? Es más, debería ser, sino…,
podría volverme loco. Sucedió de todos modos, al aparecer “Ella” y llamarle... «Hijo».
Cómo pudo tenerlo sola, dejarme en la sombra y en la ignorancia. Si yo la
amaba... ¡No! ¡Aún la amo!
Yo,
mientras tanto, desde el retirado y seguro rincón, les contemplaba abrazarse,
reír y jugar juntos, mas sobre todo, miraba como ella – embelesada – le
contemplaba y le besaba en los carrillos. A la vez, yo notaba en los míos esos
mismos besos, y ese suave calor que me transportaba a otra época en el mismo
lugar y con la misma mujer. Por fin, me decidí a salir del rincón donde estaba
y avancé con paso presto por el miedo a que escapasen otra vez de mí vida -
como el agua escapa entre los dedos –, llegué a su altura, y sin decir nada...
nuestras miradas se cruzaron y juntas fueron a confluir en el niño, que absorto
nos contemplaba sin saber ¿el porqué? Pero... Sí sabía que él era el centro del
mundo en esos momentos. La única palabra que atiné a articular fue ¿por...?
Ella, como en un susurro – dijo - ¡perdóname! Te quería tanto qué... ¡Calla! - ¡La supliqué! – Me acerqué más a
ella, rodeé su cintura con mis brazos y con fuerza la besé en la boca.
El
niño mudo espectador de algo que no comprendía, callaba, y ella se dejaba
hacer; tras un largo rato así, la tomé de la mano y sin forzarla comencé a
llevarla; me giré... miré al niño, le dije
¡Vamos! Y sin mediar palabra alguna nos encaminamos a casa para comenzar
el nuevo futuro que nos esperaba. El niño, retozaba con sus graciosos juegos a
nuestro alrededor.
Mientras
caminábamos hacia el futuro, volví a mirar hacia abajo y… entonces comencé a
percibir un cierto zumbido que se iba acercando cuanto más andábamos, hasta que
en un momento determinado, fue tal el sonido, que me despertó ¿Luego? Estaba
dormido. No, porque abrí los ojos y ella estaba a mi lado, me fijé mejor, y entre ella y yo estaba el niño. ¡Murmuré...!
¡seguid durmiendo! Solamente ha sido un bonito sueño… con un mejor final.
Valencia
23/02/07. Celada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario