jueves, 27 de enero de 2011

Viaje

VIAJE


...Comenzaba a clarear el día, y estábamos tan  nerviosos como los chiquillos que comienzan una aventura en su joven vida. Saltamos de la cama, nos lavamos -bueno me parece- y posiblemente nos peinásemos. Desayunamos, y seguidamente fuimos a comprobar por tai-tantas veces el equipaje que ayer noche quedó hecho. Llegaron las despedidas y adioses a los niños, vecinos y al perro. Colocamos todo nuestro equipaje en el maletero del coche, bueno, menos el agua ¡Por si acaso...!Las manzanas ¡Por si acaso...! Y los caramelos más a mano. Montamos en el auto, nos pusimos los cinturones, aseguramos las puertas, y nos giramos hacia nuestros hijos y perro que, en formación, nos despedían con ganas de soledad. Metí la llave en el contacto, giré media vuelta y... (nada), volví a girar otra media vuelta y... (nada),... la batería no iba: Se había suicidado pensando en el frío Turolense que esa noche nos abrazaría.
Y luego, las malas lenguas dicen que: “Teruel no existe” ¡Ya hablaremos,... ya! Nos miramos a la cara, y estallamos en una carcajada, y no por la batería, si no, al ver por el espejo retrovisor la cara de circunstancia de los tres espectadores que seguían en la acera, anonadados por tenerse que ejercitar a esas horas en el empuje de coche y su posterior lanzamiento; nuestras risas seguían acompañándonos durante varios kilómetros.

Juancar 1995 

jueves, 20 de enero de 2011

Angel


 Ángel 13/12/95  

 Se recostó con pereza inquieta sobre su silla, un giro más y colocó su brazo derecho sobre el enorme y grisáceo radiador de la calefacción, el cual demoraba su función hasta el final de la jornada. Al final ya estaba acomodado en postura casi de contorsionista entre la silla y el radiador, entonces, con un suave ladeo de la cabeza la apoya en su hombro con un rictus de paz y sosiego... quedándose transpuesto. No pasó mucho tiempo Ángel en esta posición de paz y sosiego, no, fue más bien corto. El bochinche llegó en forma de Jefe de la dependencia o simplemente en forma de pregunta ¿Islas Feroe?. ¡Dios! Ángel Saltó desde el respaldo de la silla como impulsado por el resorte de la incomprensión, tras esta punta de ferocidad  llegó – Villa – al valle de la calma. Enderezó su fornida estructura de Cántabro, giró sobre si mismo, – sin decir palabra – y en dos zancadas se plantó ante la puerta. Abrió, y salió sin que nadie viéramos  su gesto ni el semblante, solamente su espalda de azul aviación, y una retahíla de palabras incoherentes.

Juancar. 13/12/1995
     

lunes, 17 de enero de 2011

Ya ha pasado el tiempo...

Ya ha pasado el tiempo...

Ya ha pasado el tiempo –Diciembre-, ese tiempo que hemos dedicado a la preparación de compras, de duros balances anuales, de loterías: con sueños cumplidos, y sueños... ahí, en el mundo de las ilusiones; mas siempre nos queda ese dicho: “Mientras haya salud...”. Pero diciembre no solo es eso, no, también es el mes de las familias; el mes de las felicitaciones y buenos deseos a todos nuestros conocidos; el mes de la tristeza por antonomasia; el mes de los excesos pantagruélicas. Pero diciembre, es, y será por siempre el mes de la solidaridad, de esa seudo  solidaridad programada; es el mes en el que todos los que más tienen, piensan en los que no tienen nada,... ni vergüenza de tener hambre; pero  ellos se parten el pecho exhibiéndose por los tablados, como si de pavos reales inflados de ego se tratase. Tras las campanadas de noche  vieja, entramos en enero, y en un nuevo periodo de calma forzada y relax hasta la llegada de la última fiesta familiar, “Los RR.MM. de Oriente” es la fiesta de todos los niños, y de los que aún no siéndolo, así se sienten.
Las “rebajas” dan el punto final a todas estas fiestas, y a la parafernalia que las rodea; mas lo peor, es que volveremos a dejar de ser esos solidarios de “papel couché”... vamos, nosotros mismos. Pero tranquilos, hay una buena noticia... y es que sólo faltan once meses, para repetir esos mismos rituales; perdón, pero a veces estas fiestas apestan por los condicionantes que van parejas a ellas.
Juancar

viernes, 14 de enero de 2011

La partida de mus.

LA PARTIDA DE MUS

La noche se va alargando. A la vez, el ambiente se va tornando más espeso, casi irrespirable, bien por el sudor de tantas horas sentados, bien por el humo de los puros  habanos, o bien porque el desvencijado ventilador hace horas que dejó de girar y dar muestras de vida.
Una joven, bella, y con los rizos de su largo cabello cayéndole por sus hombros descubiertos, y por el largo y sinuoso escote de su vestido. No deja de ir de un lugar a otro de la estancia –cómo una leona enjaulada– solamente una botella en su mano me indica que es la camarera puesta por el tuerto smithy a tal efecto. No dejo de observar soslayadamente sus idas y venidas por la sala, sus gestos y mohines casi imperceptibles, y cómo coincidía con las manos ganadoras del tuerto smithy. ¡No me cabía duda ya!, de que era una chivata... un espejo.
- Pensé para mí en qué hacer para descubrirles el engaño –
 Así que puse en marcha todo mi arte y habilidad en el manejo de las cartas. Pasadas varias manos ya lo tenía dispuesto para mi plan. Llamé a la chica para que me llenara el vaso y de paso, dejar que viera mi jugada; tras un instante y cuando la señal había llegado a su destino, rehice mi jugada ganadora. Al tuerto smithy no le hizo gracia perder el completo en la última mano. La llamó y cuando estaba a su alcance estiró el brazo con la mano abierta para abofetearla; al efectuar este gesto, una carta – la sota de oros – salió despedida de su bocamanga... Un silbido hirió el aire, y el estilete clavó la carta en la palma de la mano del tuerto smithy, – a la vez –  y tras el estilete, llegó la voz de mi par ¡Las damas no se tocan!

Juancar

miércoles, 12 de enero de 2011

Pueblo mío que estás en la colina.

Pueblo mío que estás en...

Hay una canción que José Feliciano cantaba en los años 70, titulada: “Qué será”:

"...Pueblo mío que estás en la colina.
Tendido como un viejo que se muere.
La pena, el abandono son tu triste compañía.
Pueblo mío, te dejo sin alegría.
Mis amigos se fueron casi todos,
Y los otros partirán después que yo,
Lo siento, por que amaba,
Su agradable compañía,
Mas es mi vida, me tengo que marchar.
pueblo mío me llevo tu memoria,
que fue la fuente del amor primero,
pueblo mío te lo prometo,
pero cómo y cuándo no lo sé.
Mas sé tan sólo que regresaré".


Esta canción refleja fehacientemente lo que está sucediendo en Ciñera, mi pueblo, en estos momentos; bueno en realidad en toda una comarca minera de León. Y como la misma canción dice: son pueblos de montaña que están tendidos en ellas, y ahora lan-guidecen postrados en su lenta y prolongada muerte; una muerte tan anunciada, que al final se hacía esperar... pues lo peor de la muerte, no es la muerte en sí misma, es la incertidumbre del momento final.
La fecha oficial del óbito ha sido el día 01 de Enero de 2011. Aunque su muerte comenzó cuando se decidió sustituir el carbón, con la excusa de que generaba mucho co2, así pues, todo el mundo comenzó a demonizar el carbón, y a los mineros, como si no hubiéramos sufrido bastante desprecio ya por la sociedad.
Aunque la gente, de frágil memoria por naturaleza, no queramos reconocer que los grandes logros en la lucha por los derechos laborales y sociales del obrero, siempre comenzaron en el fondo de las minas, pero ¡Allá ellos! Tampoco reconocerán que gracias al carbón, en ciudades como Madrid, quitaron el frío durante (6)décadas, pero ¡Allá ellos!, mas por una vez dejemos de ser unos cínicos e hipócritas, y pensemos que acabamos de defenestrar a todos los habitantes útiles de esta  montaña central de León, dejándonos la tierra yerma de trabajo. Como ya sabemos que las desgracias nunca vienen solas, a nosotros nos llega acompañada por el cierre de la central térmica de La Robla; con el cierre de las gasolineras debido a la apertura de la AP-66, y la falta de tráfico por nuestra N-630; con el abandono del tráfico ferroviario, y eso que el AVE pasará por las entrañas de nuestra tierra.

Epitafio:
Adiós a ciento diez años de minería y de tradición minera. Adiós ancestros, que en la tierra yacéis después de una vida de trabajo bajo ella.

Amiga, que tu nombre no sé si puedo decirlo...

Amiga, que tu nombre no sé si puedo decir…

Estoy escuchando esta música que tú me regalas, y casi... casi sin darme cuenta, me veo paseando por el camino del cementerio de mi pueblo: jalonado de chopos, robles, y hayas; de esos aromas a ocre, humedad, y frutos del bosque tan otoñales; de esos ruidos sibilantes y veloces entre la hojarasca que alfombra el camino, y las sombras de los árboles; de ese viento que se detiene, dejando de hacer sonar las hojas secas, que bien  por timidez o miedo a volar, siguen en las ramas. Si me detengo, al fondo, en el ribazo, puedo escuchar el soniquete del agua del arroyo descendiendo hacia el río; mientras mis manos palpan el mullido musgo de las piedras del cercado.
Mientras suena: “Country”, Keith Jarrett & Jan Garberek

Juancar
Dedicado a Ti, que sabes quien eres.

jueves, 6 de enero de 2011

El adobe de mis recuerdos.

EL ADOBE DE MIS RECUERDOS

Ahora, y con el tiempo pasado a mis espaldas, estoy plantada ante lo que antaño me parecía la mansión de mis sueños, el lugar donde siempre me encontraría segura, y donde viviría los sueños de amor más felices (cómo lo habían vivido mis antecesores)  a la postre sueños de una infancia feliz.
Escuché la voz de mamá – ponte el vestido nuevo, ¡Anda! –  con los nervios a flor de piel, corrí hasta la habitación. ¡Sí! ¡Ahí! estaba el vestido más bonito que hubiera soñado, con el haría realidad mi sueño de bailar con mi Felipe en la plaza el día de la Fiesta Mayor –  en la soledad de mis sueños sentía que un día habría un beso entre ambos –  mas no era el único motivo por el que estaba feliz.
En esa casa de adobe, ahora vetusta y no tan grande como la recordaba, era el lugar donde habían nacido mi papá y sus siete hermanos. Era la casa donde los abuelos crearon una familia, donde vivieron, y donde ellos acabaron su ciclo. Mis padres continuaban con el suyo, y aunque luego migraron a otro lugar. Esa casa seguía teniendo impregnado en sus paredes ese sabor familiar que durante las vacaciones que pasaba en ella  era capaz de transmitirme. Aquel patio en el que tanto jugué, y que luego, mis sobrinos hicieron lo propio.
Aquella Fiesta Patronal no la olvidaría jamás, ya que algo había en el ambiente que me lo hacía presagiar: El vestido nuevo, el nervioso trajinar de mi mamá por toda la casa... Y sobre todo en la angosta cocina – murmurando (todo debe salir bien, hace tanto tiempo) – comprobando una y ciento cada cazuela, cada plato preparado.
Al final mi presentimiento me dio la razón, y como si de una riada se tratase, empezaron a desencadenarse los sucesos: Llegaron mis tíos de Mérida, pero no sólo para la fiesta, sino para recibir a mi tía exiliada en Francia por motivos que a posteriori fueron obvios. Fue algo maravilloso aquel reencuentro lleno de abrazos, besos, gritos, llantos y lagrimas de emoción. Pasado este primer momento de emociones y de relatos por ambas partes, comimos juntos en aquel patio, bajo la sombra de la parra y del erguido árbol que mi abuelo plantó. Todo fue maravilloso; y ya, caída la tarde, nos dirigimos a la verbena en comanda y agarrados del brazo para que nadie pudiera escaparse. Sonaba la charanga, la música revoloteaba por el aire, el bullicio de la gente era notable, las mozas y mozos iban posicionándose para el baile. Las madres se situaban estratégicamente para controlar el buen nombre de sus hijas. Los hombres se reunían en grupos, y al final al chigre, dejando a las mujeres solas ante la tarea de defender el honor de sus hijas y hacer algún traje que otro.
 Yo, un poco nerviosa no dejaba de comprobar donde estaba mi Felipe, quería que me viese mayor con mi vestido nuevo, que me dijera lo guapa que estaba, bailar juntos y comprobar si mis sueños se realizaban. Cuando ya no esperaba a ese ¡Vil canálla! Que me había dejado como una estatua en pleno baile, y a punto de empezar a llorar. Unos dedos tocaron mi hombro derecho, me giré, nuestras caras quedaron tan cerca que sólo sentí unos labios húmedos en mi carrillo, un rubor, y cómo mi enfado desaparecía de golpe. Fue la guinda sobre aquel fabuloso pastel.
Hoy la miro con añorada nostalgia, y con la pena de tener qué remozarla, pero la vida sigue y  comienza un nuevo ciclo. ¡Mi ciclo!




Para mi Maripepa de tu Felipe.
Juancar

martes, 4 de enero de 2011

Sirena Gallega.

                 SIRENA GALEGA


 Hoy, sorprendentemente, el día había amanecido despejado, esto hizo que me animara a dar un largo y relajante paseo por el malecón, como punto de separación entre el puerto y la mar abierta; y para poder respirar ese aire marino con sabor a yodo y a sal; escuchar esos sonidos que nunca se olvidan como: el “chob” ”chob”de las olitas del mar golpeando el muelle, los graznidos de las gaviotas que sobrevuelan nuestras cabezas, o siguiendo a esos barcos que vuelven con su preciado y trabajado tesoro; incluso el “Popo... popo... popo” de los motores de los barcos navegando por el interior del puerto. Paseaba absorto en mis cosas, y a la vez con la mirada puesta en esa mar interior, contemplando ese movido flujo de barcos que entrando y saliendo del puerto le da la vida a esta villa.
Sin darme cuenta y como si fuera la recreación del cuadro de Dalí: “ Muchacha en la ventana de 1925” (el cual representa a una mujer mirando por una ventana hacia la mar). Me encontré con esa misma imagen delante de mis ojos. Ella, en esos momentos se encontraba como si lo de su alrededor no formara parte de su propia ensoñación, no la distraía nada; me quedé quedo observándola. Sentada sobre un noray, huérfano de jarcias pero agradecido por ser el sustento de tan bella sirena. Mientras, una suave brisa marina mecía su áurea melena de izquierda a derecha, o como dirían os homes de mar: de babor a estribor. Su rostro, solo visible a los ojos de los marinos desde sus barcos, por eso, no sé si el azul de la mar y del cielo son el reflejo de sus ojos. Ella, mientras, seguía impasible con su mirada a la bocana del puerto, no sé si espera la llegada de su hombre, o si acaba de perder de vista la estela de su barco partido.
Yo, llegado a este punto, continuo mi caminar, me voy alejando de ella con un poco de pesar por no poder saber su historia, pero llevándome en la retina la imagen que durante estos breves momentos he contemplado de esta moderna sirena, y con la que recrear mi propia historia de ella.

Juancar 
Dedicado a mi sirena Gallega.

lunes, 3 de enero de 2011

Los Amantes, van...

LOS AMANTES, van...

(...) Cuando aún no habían sucumbido las sombras de la noche ante las primeras luces del alba.
Cuando aún, los últimos amantes rezagados, se cruzan por las estrechas calles con los tabernarios ahítos de alcohol, titubeantes, y erráticos.
Entonces, y sólo entonces, es cuando se me vence el sueño de velar tu sueño.
Es cuando las primeras voces que han de sacar a la ciudad, poco a poco, de su sueño nocturno –fruteros, aguadores, etc...-, y yo trato de acallarlas susurrándote en los oídos: ¡Te quiero!.
Entonces, es cuando te contemplo en silencio, cuando tus ojos no pueden verme; cuando tu belleza dormida y serena, resplandece en la semioscuridad de la alcoba como un lucero. Y eso, mi vida, que tus ojos cerrados no dejan al descubierto esas dos ascuas, que de envidia nublarían al mismo sol.
Entonces, y solo entonces, es cuando deseo con vehemencia de tus labios carnosos y húmedos, libar tu risa, tu voz, tus suspiros, y hasta cuando me dices con dulzura “Amor”.
Mas... cuando la ciudad se ha desembarazado de las primeras voces, acaece un suave silencio, ahora solamente roto por el trinar de algunas de las aves del cercano parque. Entonces amor, es cuando en tu cuerpo empiezan a asomar síntomas de tu despertar: ese pequeño subir y bajar de senos, aumentando  la necesidad de coger del aire lo más preciado de la vida; una mano que, en la somnolencia, comienza a tantear a ciegas hasta que topa con la mía... buscando ¿Qué se yo?.
Pero, ¿Me sonríe...?, con una leve mueca de sus labios, y a mi, me enerva, y me enamora; me transforma y me lleva a postrarme a su lado, acurrucándome, para que ni el más mínimo resquicio pueda quedar entre ella y mi amor.
Por fin... Ella, primero se incorporó, estiró los brazos por encima y detrás de su cabeza cogiéndose los cabellos, que con un estudiado alboroto le colgaban hacia la espalda. Se los masajeó primero, y luego, los despeinó más si cabe, mimosamente. Luego, en un acto que parecía lento... pestañeó, y abrió los ojos para buscarme con ellos.
En un punto intermedio nuestras miradas se encontraron, y como si de un supuesto hechizo fuera, nos fuimos atrayendo poco a poco, hasta que al punto de que nuestros labios se rozasen primero, y se fundieran en un apasionado beso después, la dije: buenos días; ella me contestó silabeando: Buenos días, mi amor... La así por la cintura, y estreché mis labios contra los suyos. De no ser por la ciudad que volvió a despertar, arrastrándonos, aún estaríamos en esa dulce posición toda nuestra segunda luna de miel.
Ciudad maldita, que en los mejores momentos nos arrastras sin piedad en tu vorágine, ora nos acercas, luego nos separas, no quieres darnos ese respiro que como toda pareja enamorada necesita en estos momentos de la mañana.
¡Calla!, calla por piedad, y déjame con mi enamorada esta mañana amar. 

Juancar. 23-07-1992. Valencia  

Un viaje en coche... ¿Ya veremos?

VIAJE EN COCHE ¿Ya veremos?

Si fuéramos pájaros y sobrevolásemos el paisaje en este preciso y precioso momento, solamente veríamos un gran mosaico formado por una variada gama de terrenos ocres y amarillos resecos, regatos vacíos de vida; y una larga, estrecha y sinuosa carretera mal asfaltada que divide en dos los campos. Por esa carretera: estrecha, sin arcenes, sin líneas divisorias, con un asfalto negruzco y parcheado mil y una vez durante las horas más tórridas del verano.Y cuando más aplanaba el sol las pocas sombras existentes; un vehículo circulaba en esa misma carretera, jalonada de postes eléctricos que pasan por mi ventanilla a un ritmo cadencioso, mientras, en sus cables: languidecen en un frágil equilibrio, por el calor, los negros  grajos;  a la vez que un majestuosos neblí otea desde lo más alto del azul del cielo. También, de vez en cuando, aparece un árbol medio seco, de ramas alicaídas... Que más parece suplicar socorro en forma de agua, o compañía de otros árboles. Así transcurría lo que hasta ahora era un plácido viaje a través de  La Mancha, tan extrema y profunda a la vez.
Me encanta circular por este tipo de carreteras con el brazo en la ventanilla... el aire dándome en el rostro, y cantar a pleno pulmón con la cabeza fuera... ya sé, ¡Ya!. Aunque este tipo de carreteras tienen su aquel, y su intríngulis, su peligro, y sus posibles sorpresas. Las sorpresas y divertimentos... vienen de la mano de los pequeños o grandes badenes que funcionan como una montaña rusa con sus subidas y bajadas... Mas ahí radica también su mayor peligro debido a: un posible mal adelantamiento, o un obstáculo imprevisto, pero ¿quién piensa así cuándo uno se divierte? -¡Nadie!- 
Algunas veces estas carreteras transcurren por terrenos despejados a ambos lados, en los que pueden predominar: los cultivos de cereales, los curiosos y coloridos girasoles, o simples hierbas moteadas de: blancos virginales, amarillos como el mismo sol, e incluso el rojo carmesí de las amapolas. Otras veces transcurren por entre taludes y muros, lo que hace que los árboles frutales e incluso las vides... vayan  circulando a nuestro lado a diferentes alturas, es como si formasen parte de un tobogán imaginario.
Y por último, esas carreteras abandonadas, pasando por aldeas semi-abandonadas y con casas medio en ruinas; abuelos sentados al borde de ellas... como esperando a que vuelva lo que hace tiempo ya se les fue por esa misma carretera, pero más bien parecen recargar su cuerpo de energía para la etapa final. Al pasar, ellos siempre miran sonrientes y con curiosidad, y si tocas el claxon y les saludas... ellos responden y saludan como si nos conociéramos de toda la vida; unos metros más adelante y si la curiosidad te pica, miras por el espejo retrovisor... Y ahí los ves aún saludando ¡Encantadores! Simplemente encantadores; bueno, y si paras, y les preguntas... ¡Dios! El tiempo se detiene en ese mismo momento. También pasan cerca de: inutilizadas ermitas e iglesias, donde solo se da culto ya a los recuerdos; de abandonados palomares yermos de vida alguna -aunque algún halcón sigue haciendo guardia cerca de las estrellas-, están aislados en los páramos, pero con una arquitectura aún preciosa y preciosista digna de seguir estando en los libros de arquitectura; de viejas estaciones – antes bulliciosas de viajeros-  y de sus vías sin destino alguno; de puentes que ahora observan más pausados el paso del último despistado de turno , o como yo... de un soñador sentimental, al que las prisas de ahora no convencen.
Pero como todo tiene un final... El de estás carreteras está detrás de una curva, tras la cual... Nos tropezamos indefectiblemente con una ciudad.

Juancar 10/08/2010

sábado, 1 de enero de 2011

Bienvenidos a este, nuestro neófito año 2011

... Hoy, por fin, se han hecho realidad esos sueños que nunca parecen cumplirse. El primero, fue amanecer en un nuevo año, pero gracias al gobierno descubrí que íbamos a ser un poco más pobres; no solo de dinero, sino, de luces... lo pilláis. El segundo, descubrir que pese a todo, estaba en el mismo sitio, y que nadie había dejado café hecho. El tercero, cumplir la promesa prometida: Abrir un blog, para disfrute vuestro y vergüenza ajena mía. Las demás promesas, como: dejar de comer, engorda, hacer deporte, etc... chicos, estás son vuestra promesas y va a ser cosa vuestra... Y si, dejar de fumar; pero no os preocupéis, porque en esta ocasión otros se van a encargar de que lo dejéis.
Quiero agradecer desde esta mi nueva ventana al mundo: a todos mis amigos del "Museo virtual de viejas fotos de 20´", a mis nuevos amigos de "Soy aficionado a ...", y a todos que lean esta pág. en general; por vuestra amabilidad y tiempo. Aprovecho para desearos a todos un feliz cambio de año, y que nos sea más propicio.
Saludos, juancar.