DESPEDIDA II
Tus palabras resonaban con fuerza en mi
cabeza, mis pies seguían clavados en el suelo incapaces de seguirte, perdí la
noción de lo que me rodeaba, y solo cuando las lágrimas rodaban por mi rostro,
recobré la conciencia; Ya era demasiado tarde para todo. Té perdí. Me perdiste.
De mí, sé mi destino, y de ti poco sé... ¡Vamos, nada!
DESPEDIDA III
Tus palabras
resonaban con fuerza en mi cabeza, mis pies seguían clavados en el suelo
incapaces de seguirte, perdí la noción de lo que me rodeaba, y solo cuando las
lágrimas rodaban por mi rostro, recobré la conciencia, y ya era demasiado tarde
para todo; te perdí, me perdiste. Durante un tiempo te seguí y te supliqué, si
tú hubieras querido, todo habría sido diferente, y sin embargo hoy de todo aquello
solo me quedan recuerdos –la mayoría…
bonitos– y una asignatura pendiente.
Celada
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