miércoles, 26 de septiembre de 2012

Queridos Reyes Magos de Oriente


Queridos Reyes Magos de Oriente:

Mi nombre no os lo diré... ¿por qué? porque de sobra sabéis quién soy, ya que siempre os sobraba un regalo al acabar el día,... uno, con mi nombre; aún así no me buscasteis, os limitasteis simplemente a dejar pasar el tiempo.
Hoy, con el tiempo pasado, vuelvo a escribiros con la misma ilusión que se tiene cuando uno es niño; y os escribo porque quiero pediros un último regalo, no, no quiero aquellos ya dormidos y olvidados en el tiempo. Quiero que me regaléis mi niñez perdida. Quiero vivirla aunque sea ahora; tan lejos de hospitales infantiles, tan lejos de guerras sin sentido, y tan lejos de desastres... Quiero vivir mi infancia, sólo mi infancia, y disfrutar de las caricias de mi madre, y del cariño de los que me quieren.

Esta vez no se Os olvide mi regalo.

Un niño, que no lo fue.

PD.- Tendré todo preparado para recibiros: leche, miel, dátiles, y pastas... para vosotros; tendré también: follaje y agua para los camellos.

Yo, un niño.



lunes, 20 de febrero de 2012

Mi vida, y un viaje.

Mi vida, y un viaje a Madrid

El día amaneció algo tarde para mí y –pese al descanso- aún tenía marcado en mi cuerpo las tablas de los asientos de IIIª del tren y la ilusión del viaje de esa noche a Madrid –toda una aventura que ya Os narraré-. Pero ahora tengo prisa por vestirme y salir en busca de mis amigos hechos en otros viajes. Bajaba corriendo por las escaleras de madera, asiéndome a las barandas de hierro forjado –hubo momentos en que mis pies no pisaban peldaños- y con ese mismo empuje crucé el portalón y zás, en la calle. Allí, en la acera de enfrente, estaban mis amigos de correrías: Carmen y su hermano –noté algo raro al verlos-, y en cuatro pasos crucé el empedrado de la calle hasta donde estaban ellos; nos alegramos, pero no sé… aún algo me distraía, y no sabía el qué y el por qué. Él seguía con sus pantalones cortos con peto, sus alpargatas, calcetines caídos y su pelo picho rapado, las piernas llenas de cardenales y postillas, en eso me sacaba ventaja. Ella, la miraba igual: su pelo castaño –peinado- con las trenzas de siempre, sus grandes ojos claros, su babi con dos bultitos raros, la faldita plisada saliendo un poco por debajo del babi, sus francesitas y los eternos calcetines blancos. Volví sobre los bultitos, y cuando iba a… ella se percató y me lanzó un capón, yo me fui a por sus trenzas y al final acabamos los tres abrazados en mitad de la acera; ya con la algarabía montada, salimos zumbando calle abajo en busca de otros niños del barrio que nos hicieran olvidar nuestras trifulcas; mas… esos dos bultitos insidiosos, sabía que me iban a dar problemas.
Pero eso ya es otra historia que Os contaré.

Celada