jueves, 17 de febrero de 2011

te contaré un sueño

TE CONTARÉ ...


Te contaré... Ese día había sido muy duro para Alberto, así que al llegar la noche y tras una frugal cena, él decidió acostarse pronto; puesto que al día siguiente debería madrugar más de lo corriente. Subió a su habitación con paso lento, y cansinamente abrió la puerta, dio un paso dentro de ella, y ni se inmutó al cerrarla tras de si..., solo veía la cama. Se desnudó presto, dejando la ropa al revoltijo en el mismo lugar donde se la quitó. Abrió la cama descubriendo un interior de blancos lienzos, y penetró en ella con la rapidez que le dejaba su cansancio; apagó la luz y cerro sus ojos. Los primeros pensamientos que le vinieron a la mente, fueron aquellas imágenes de la mujer que estaba a su lado en el trabajo; recordaba su perfume y su silueta sensual al desplazarse por el despacho. Aun dormido, notó un cosquilleo al recordar como sus cuerpos se juntaban con una sensualidad inusitada al hacerse alguna consulta laboral... Empezó a fantasear que en ese momento de acercamiento, él descaradamente la besaba... y ya no pudo seguir, pues quedó quedo y dormido.
... Así me lo contó él.

Celada Octubre 1995

miércoles, 2 de febrero de 2011

El colegio y el 2º amor

El colegio y el 2º amor

Precisamente aquel día parecía que iba a ser un día como otros tantos durante el curso. Los días que llegábamos pronto al colegio, este tenía sus puertas cerradas, y no nos quedaba más remedio que dejar los libros apoyados en el muro del colegio de las chicas –estaba justo al lado-, pero ese día todo iba a dar un giro inesperado; pues después de pasar un buen rato, abrieron las puerta, recogimos los libros, y entre voces y empujones entramos en las aulas. Una vez dentro, dejé los libros con mimo sobre mi mesa... yo me dejé caer sobre mi silla con menos cuidado que el que use para dejar los libros; de repente al mover el libro de ciencias, una nota muy doblada, resbaló de entre las págs. Del libro. Yo miré a mi compañero de pupitre, y le pregunté si era suya... no, fue su respuesta; así que esperé a la entrada del profe, para... escondido detrás de las espaldas de mi compi de delante, empezar a desplegarla; las vecinas de pupitre, esperaban curiosas el resultado. Yo seguía a lo mío, y una vez desplegada y planchada, me puse a leerla:
Hola, soy...
Y patatín..., y patatán..., chucuchucu..., etc...
-mientras, mis carrillos iban marcando una sonrisa callada-
la carta continuaba con su relato, sentimientos, y...
-yo, mientras más leía, mi corazón comenzaba a acelerarse más y más, haciendo que el calor llegara a las mejillas-
-Ellas, mis vecinas de pupitre; sospecho que algo sabían pues al ver el rubor en mis mejillas, comenzaron a sonreír, hacerse señas, y murmurar con la mano cubriendo sus bocas- (seguí con la lectura): Y yo te..., contigo a..., y que si sí..., y que si no..., total, que le gustaba, y que quería salir conmigo.
Firmado xxxxxxxxx

Esa fue mi primera y única experiencia en el arte del ligoteo, y tuvo que ser ella la que dio el primer paso. Todo fue bien, hasta que un verano llegó al pueblo un equipo de RENFE para unas modificaciones en la estación y las vías; el ingeniero venía con su hijo... un futuro universitario, y la madre de mi novia consideró que eso si era un futuro para su hija; así que la prohibió verme, y todo se acabó ahí mismo, como había comenzado... al verme por la calle, cambió de acera.

Juancar