VIAJE EN COCHE ¿Ya veremos?
Si fuéramos pájaros y sobrevolásemos el paisaje en este preciso y precioso momento, solamente veríamos un gran mosaico formado por una variada gama de terrenos ocres y amarillos resecos, regatos vacíos de vida; y una larga, estrecha y sinuosa carretera mal asfaltada que divide en dos los campos. Por esa carretera: estrecha, sin arcenes, sin líneas divisorias, con un asfalto negruzco y parcheado mil y una vez durante las horas más tórridas del verano.Y cuando más aplanaba el sol las pocas sombras existentes; un vehículo circulaba en esa misma carretera, jalonada de postes eléctricos que pasan por mi ventanilla a un ritmo cadencioso, mientras, en sus cables: languidecen en un frágil equilibrio, por el calor, los negros grajos; a la vez que un majestuosos neblí otea desde lo más alto del azul del cielo. También, de vez en cuando, aparece un árbol medio seco, de ramas alicaídas... Que más parece suplicar socorro en forma de agua, o compañía de otros árboles. Así transcurría lo que hasta ahora era un plácido viaje a través de La Mancha, tan extrema y profunda a la vez.
Me encanta circular por este tipo de carreteras con el brazo en la ventanilla... el aire dándome en el rostro, y cantar a pleno pulmón con la cabeza fuera... ya sé, ¡Ya!. Aunque este tipo de carreteras tienen su aquel, y su intríngulis, su peligro, y sus posibles sorpresas. Las sorpresas y divertimentos... vienen de la mano de los pequeños o grandes badenes que funcionan como una montaña rusa con sus subidas y bajadas... Mas ahí radica también su mayor peligro debido a: un posible mal adelantamiento, o un obstáculo imprevisto, pero ¿quién piensa así cuándo uno se divierte? -¡Nadie!-
Algunas veces estas carreteras transcurren por terrenos despejados a ambos lados, en los que pueden predominar: los cultivos de cereales, los curiosos y coloridos girasoles, o simples hierbas moteadas de: blancos virginales, amarillos como el mismo sol, e incluso el rojo carmesí de las amapolas. Otras veces transcurren por entre taludes y muros, lo que hace que los árboles frutales e incluso las vides... vayan circulando a nuestro lado a diferentes alturas, es como si formasen parte de un tobogán imaginario.
Y por último, esas carreteras abandonadas, pasando por aldeas semi-abandonadas y con casas medio en ruinas; abuelos sentados al borde de ellas... como esperando a que vuelva lo que hace tiempo ya se les fue por esa misma carretera, pero más bien parecen recargar su cuerpo de energía para la etapa final. Al pasar, ellos siempre miran sonrientes y con curiosidad, y si tocas el claxon y les saludas... ellos responden y saludan como si nos conociéramos de toda la vida; unos metros más adelante y si la curiosidad te pica, miras por el espejo retrovisor... Y ahí los ves aún saludando ¡Encantadores! Simplemente encantadores; bueno, y si paras, y les preguntas... ¡Dios! El tiempo se detiene en ese mismo momento. También pasan cerca de: inutilizadas ermitas e iglesias, donde solo se da culto ya a los recuerdos; de abandonados palomares yermos de vida alguna -aunque algún halcón sigue haciendo guardia cerca de las estrellas-, están aislados en los páramos, pero con una arquitectura aún preciosa y preciosista digna de seguir estando en los libros de arquitectura; de viejas estaciones – antes bulliciosas de viajeros- y de sus vías sin destino alguno; de puentes que ahora observan más pausados el paso del último despistado de turno , o como yo... de un soñador sentimental, al que las prisas de ahora no convencen.
Pero como todo tiene un final... El de estás carreteras está detrás de una curva, tras la cual... Nos tropezamos indefectiblemente con una ciudad.
Juancar 10/08/2010
He hecho este viaje muchas veces, no lo has podido describir mejor!!!
ResponderEliminarAhora con las autopistas y autovías nuestros retoños no lo podrán vivir, que pena!!
Besiños meu!!
María
me gusta tu manera simple pero a la vez tan descriptiva de este viaje. Disfrute leyendolo a ustedes seguramente les pasara lo mismo.
ResponderEliminarBellas damas, me afalagáis con vuestro encanto, y el rubor a mis mejillas subís, con esos comentarios.
ResponderEliminarMe encanta que a Vos, "Anónima", tantos recuerdos os fluyan a la memoria... mas no anheléis tanto saudade que aún el verano fluye por tu rostro.
Y a Vos "Mabel" deciros, cuanto me gustaría, que de vez en cuando dejaras, de nuevo, pasear tu vista por este tu blog.
Gracias a ambas, Juancar.
Aqui te veo nostalgico de todas aquellas sensanciones que se sentían conduciendo. Ahora vamos tan deprisa por la vida que no se para uno a saborear los paisajes como antes. Cuando viajaba por estas carreteras que describes yo era todavía una niña.
ResponderEliminarEspero que aun lo sigas siendo, porque sólo envejece nuestro envoltorio. De vez en cuando hacer un viaje al pasado, es refrescante.
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