Se recostó con pereza inquieta sobre su silla, un giro más y colocó su brazo derecho sobre el enorme y grisáceo radiador de la calefacción, el cual demoraba su función hasta el final de la jornada. Al final ya estaba acomodado en postura casi de contorsionista entre la silla y el radiador, entonces, con un suave ladeo de la cabeza la apoya en su hombro con un rictus de paz y sosiego... quedándose transpuesto. No pasó mucho tiempo Ángel en esta posición de paz y sosiego, no, fue más bien corto. El bochinche llegó en forma de Jefe de la dependencia o simplemente en forma de pregunta ¿Islas Feroe?. ¡Dios! Ángel Saltó desde el respaldo de la silla como impulsado por el resorte de la incomprensión, tras esta punta de ferocidad llegó – Villa – al valle de la calma. Enderezó su fornida estructura de Cántabro, giró sobre si mismo, – sin decir palabra – y en dos zancadas se plantó ante la puerta. Abrió, y salió sin que nadie viéramos su gesto ni el semblante, solamente su espalda de azul aviación, y una retahíla de palabras incoherentes.
Juancar. 13/12/1995
No hay comentarios:
Publicar un comentario